El smartphone, parte inherente de nuestras vidas

Donde quiera que uno mire, estamos utilizando dispositivos móviles. En la calle lo usamos para, mediante alguna de las múltiples apps que tenemos instaladas, encontrar el camino a nuestro destino, reservar una mesa en el restaurante más próximo, pedir un taxi o alquilar una habitación para pasar la noche. Mientras nos desplazamos en transporte colectivo, usamos el móvil para leer, ver vídeos, escuchar música, mantener el contacto con los amigos o, simplemente, para ponernos al día con el trabajo. En nuestra casa lo tenemos colgado de la mano para chatear con los amigos, seguir una receta que queremos preparar, realizar compras online, averiguar el nombre de ese actor o esa actriz que aparece en la televisión, interactuar en las redes sociales durante la emisión de nuestros programas favoritos, leer un libro, o, incluso, para seguir al minuto las últimas noticias o profundizar sobre cualquier cuestión candente de actualidad. Y ¿quién no se ha dado la vuelta a casa, a clase o al trabajo por haber olvidado el celular?

Este es un escenario que no muestra signos de aminorar, más bien todo lo contrario. Por ejemplo, según OFCOM, el regulador de las comunicaciones en el Reino Unido, los smartphones ya superan a los ordenadores como el dispositivo principal de acceso a Internet para los británicos. Dos tercios de la población del país posee un dispositivo inteligente que utiliza una media de dos horas al día para estar conectado.

Durante el reciente Mobile World Congress hemos podido ver y palpar el futuro inmediato que estamos llamados a vivir y las razones que han convertido a los móviles en nuestros compañeros inseparables, entre las que quizás destaquen, por encima de todas, tres: (i) las continuas mejoras y universalización de las infraestructuras de comunicaciones móviles, (ii) el cada vez menor coste de los dispositivos, con la aparición en el mercado de terminales asiáticos con prestaciones que no envidian para nada a los de gama más alta, y (iii) el surgimiento de un universo de apps que van desde el juego más simple y adictivo, pasando por una ingente cantidad de servicios de mensajería instantánea y medios sociales, y llegando a las aplicaciones que nos permiten desarrollar nuestra actividad laboral, escolar, deportiva o de ocio en cualquier momento o lugar. Todo ello, cada vez más, dentro un universo donde la realidad virtual y la realidad aumentada serán las grandes dominadoras.

El uso intensivo que hacemos de nuestros smartphone, especialmente de las aplicaciones que tenemos instaladas en los mismos, implica que nuestra huella digital cada vez sea más profunda y detallada; lo que se traduce en que cada vez más las Facebook, Google y Apple, conozca de una manera más precisa y minuciosa nuestro perfil a nivel de gustos, afinidades y opiniones.

Poder acceder a este tipo de información es esencial para el resto del ecosistema de creadores de contenido digital (medios editoriales, agencias, anunciantes y marcas) ya que, según un estudio realizado por Quantcast, el 59% de los usuarios seríamos más receptivos al mensaje online que recibimos si el mismo fuera más relevante para nosotros. Por lo que deben contar con herramientas que les permitan conocer a sus audiencias y construir experiencias a la medida de sus expectativas.

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